Falsa alarma.
Las palabras del médico por videollamada seguían resonando en mi cabeza tres días después, mientras observaba a Sebastián batallar con la cocina de la vieja casa Duarte como si fuera un enemigo corporativo que debía conquistar.
—El truco está en el fuego bajo —murmuró, revolviendo algo en la sartén que había dejado de parecerse a huevos hace varios minutos.
—El truco está en no quemar la casa —respondí desde mi puesto de observación en la mesa del comedor.
—Muy graciosa.
—No estoy