—Ahí está —murmuré, sintiendo el peso de su mirada.
—Lo sé —respondió Sebastián, su mano apretando la mía—. Recuerda el plan. Nosotros controlamos el encuentro, no ella.
Pero Luciana tenía otros planes. Se excusó del grupo de hombres con una sonrisa deslumbrante y comenzó a caminar hacia nosotros, cada paso medido y perfectamente ejecutado para maximizar la atención. Las conversaciones a nuestro alrededor se detuvieron cuando la gente se dio cuenta de lo que estaba a punto de suceder.
—Sebastiá