Llegaron a Ciudad de México a las ocho de la noche.
El vuelo había tenido veinticinco minutos de retraso sobre el Valle de México, que era el tipo de retraso que se producía cuando la ciudad estaba usando su espacio aéreo con la misma densidad que usaba sus calles: completamente y sin margen disponible.
La niñera les abrió la puerta.
Isabella dormía.
Esperanza también.
La casa con el silencio de las noches donde las niñas ya cedieron y el día terminó hace rato para todos menos para los adultos