El vuelo del domingo llegó a Ciudad de México a las nueve y cuarenta de la noche.
Las niñas dormidas antes de aterrizar: Esperanza en el regazo de Sebastián desde el despegue, Isabella con la cabeza apoyada en la ventanilla y el libro de los reptiles cerrado sobre las rodillas en el momento exacto en que el sueño ganó la negociación con la vigilia.
Emma se había quedado en Vancouver.
El despegue de la mañana del sábado desde el aeropuerto, el abrazo breve en la puerta de embarque, la manera en