El jueves siguiente Carolina entró al despacho de Valentina sin que nadie se lo pidiera.
No a las nueve. A las ocho y cuarto, antes de que el día tomara velocidad.
Cerró la puerta.
Se sentó.
No dijo nada inmediatamente.
Valentina la miró.
—Llevas una semana llegando veinte minutos antes —dijo Carolina.
—Lo sé.
—Y saliendo a las seis y media en lugar de las ocho.
—Lo sé.
—Y el contrato de la joint venture que revisaste el miércoles de la semana pasada lo mandaste al equipo legal para verificació