El agotamiento no llegó de golpe.
Llegó como llegan las cosas que se instalan despacio: sin que uno note exactamente el momento en que empezó, pero con la certeza de que cuando llegó a ser visible ya llevaba tiempo siendo real.
El primer señal fue la reunión del martes.
No una reunión importante. La reunión semanal de seguimiento con el equipo de la Fundación, que Valentina presidía desde la apertura y que duraba cuarenta y cinco minutos y que producía los ajustes de la semana en los proyectos