La primera vez en dos años y medio que Carolina le pidió consejo a Valentina sobre algo personal fue un martes a las diez y cuarto de la mañana.
Valentina lo supo en el momento en que Carolina entró y cerró la puerta del despacho.
La puerta cerrada era el código. La puerta entreabierta era el trabajo normal. La puerta cerrada era la otra cosa.
Carolina se sentó.
Se quedó con las manos en las rodillas durante un segundo.
—Necesito pedirte consejo —dijo.
—Dime.
—Sobre Sofía.
—Dime —repitió Valent