Las tres de la tarde llegaron con un cielo plomizo y el peso de mil preguntas sin respuesta.
Sebastián había pasado la mañana configurando una conexión segura, algo que involucraba servidores proxy, redes encriptadas y términos técnicos que apenas comprendía. Carolina lo guiaba por teléfono satelital, su voz metálica llenando la cabaña con instrucciones precisas.
—El enlace estará activo exactamente quince minutos —explicó él mientras conectaba la laptop vieja que habíamos encontrado en un arma