El regreso de Vancouver fue el domingo.
En el aeropuerto, antes del arco de seguridad, Emma dijo:
—Valentina.
—¿Qué?
—¿Eso significa que puedes venir a más cosas?
La pregunta era directa. Sin rodeo. Con la precisión que Emma aplicaba a todo lo que quería saber de verdad.
—¿A qué tipo de cosas?
—A las cosas de mi mundo. —Emma—. En Vancouver. No solo las que son de tu trabajo o de tu historia. Las mías.
Valentina lo procesó.
Era la pregunta debajo de la pregunta que Emma había hecho todo el mes: