La dirección llegó a mi teléfono a las siete de la mañana. Un almacén abandonado en la zona industrial del sur, el tipo de lugar donde desaparecían personas y nadie hacía preguntas.
—Es una trampa obvia —dijo Sebastián mientras estudiábamos el mapa satelital en la pantalla—. Demasiado aislado, demasiadas rutas de escape, cero testigos.
—O es exactamente lo que parece: un hombre paranoico que no quiere ser encontrado.
—Valentina, anoche alguien quemó dos de mis fábricas. Esta mañana aparece un de