La madrugada en el penthouse tenía una cualidad silenciosa y antinatural, como si la ciudad a sus pies respirara con cautela. A las 6:55 a.m., Isabela ya estaba sentada en la sala de conferencias adjunta al estudio de Donato, con un vestido sencillo color gris perla y una taza de café negro entre las manos. Había dormido poco, su mente dando vueltas alrededor de las revelaciones de la noche anterior. La fotografía de Elisa, la red oculta de la Fundación Verdina, la fría lógica de la mutua destr