El mismo Lucius Grey apareció en la clínica, impecable con un abrigo de cachemira, acompañado por un abogado y lo que parecía un guardaespaldas con aires de médico. Exigió ver a Donato.
Fue Isabela quien salió a recibirlo en la sala de visitas, sola.
—Isabela —dijo Lucius, con una sonrisa de genuino placer—. Qué triste encontrarnos en estas circunstancias. Cómo debe estar sufriendo.
—El sufrimiento es relativo, Lucius —respondió ella, sin ofrecerle asiento—. Donato está ocupado salvando a mi he