La quietud después de la tormenta era más pesada que el pánico. Mateo sobrevivió. La terapia experimental, un cóctel de antibióticos de espectro ultrarreducido y nanotransportadores de fármacos, había vencido a la bacteria diseñada. Pero la victoria tenía el sabor amargo de un veneno conocido. Mateo estaba demacrado, sus ojos antes brillantes ahora velados por una fatiga profunda y una confusión residual. La infección había arañado su ya frágil sistema nervioso.
De vuelta en el penthouse, el ré