Sebastian
Estoy en mi oficina, sentado frente al escritorio con varios documentos abiertos que no termino de leer, la luz de la tarde entra por el ventanal y se desliza sobre la madera pulida mientras el silencio del piso ejecutivo me envuelve con esa calma engañosa que siempre precede a algo importante. Tengo la sensación de que llevo horas aquí, concentrado en cifras que no cambian y contratos que no avanzan, pero al mismo tiempo siento que el tiempo no pesa, que flota, como si no fuera real.