Sebastian
No me duele tanto el cuerpo como el orgullo.
Eso es lo que admito en silencio mientras me quedo solo en mi despacho después de que Clara sube a su habitación la noche anterior. El beso fue real, lo sentí, pero su reacción también lo fue, y no puedo culparla. Demasiadas veces he utilizado la cercanía como herramienta, demasiadas veces he confundido deseo con estrategia, y ahora que por primera vez no hay cálculo de mi parte, ella no sabe si creerme. Y eso es culpa mía.
Paso la mañana