Clara
No llego ni a la mitad del estacionamiento cuando me detengo. Estoy temblando, sí, pero no de miedo, sino de rabia. No puedo dejarlo así, no puedo permitir que la última imagen que tenga de mí sea esa mujer llorando, suplicando, mientras él me mira como si fuera basura. Giro el volante con brusquedad y regreso al edificio antes de que mi orgullo se desinfle y me obligue a huir.
Subo directo al piso ejecutivo, paso frente a las miradas curiosas que todavía flotan en el aire como humo despu