Al llegar a la mansión, el silencio del pasillo se rompió de golpe en cuanto entraron a la habitación. Joel, que venía conteniendo una furia ciega durante todo el camino de regreso, no soportó más. Con un movimiento violento y cargado de frustración, tomó un costoso florero de porcelana fina que adornaba la mesa de noche y lo lanzó con todas sus fuerzas contra la pared. El objeto se estrelló con un estruendo ensordecedor, esparciendo fragmentos brillantes por toda la alfombra.
Vanessa dio un