El gran comedor del penthouse estaba sumido en un silencio tenso, roto únicamente por el tintineo sutil de los cubiertos de plata contra la porcelana fina. Doña Leonor presidía la mesa con la espalda impecablemente recta, observando cada movimiento a su alrededor con la mirada afilada de quien está acostumbrada a mandar. A su lado, Joel mantenía una postura rígida; la comida parecía saborearle a ceniza, y sus ojos no dejaban de saltar con desconfianza entre Sofía y Gerard. Al lado de Joel, Vane