Sofía acumuló toda la fuerza de su cuerpo en los brazos y lo empujó del pecho con un grito de rabia, logrando romper el agarre. Dio varios pasos hacia atrás, respirando de manera agitada, mientras se limpiaba la boca con el dorso de la mano con un gesto de profundo desprecio, como si intentara arrancarse de la piel el rastro de esa agresión. Sus ojos, inyectados en sangre por la humillación, se clavaron en él con una furia destructiva.
—¡No vuelvas a tocarme en tu miserable vida, Joel! —le g