—¿Y qué te parece? —le pregunte a Dominika al ver que se llevaba una nueva cucharada del platillo a la boca. —¿Está bueno o no? —inquirí cortando un trozo para mí.
Habíamos puesto la mesa lo más rápido que pudimos. Al parecer los tres estábamos ansiosos por comer, incluso yo, que había desayunado no hace mucho y todavía faltaban al menos dos o tres horas para almorzar apropiadamente. Nos quedó muy linda y elegante.
—Está deliciosa. —respondió saboreándose los labios. —Nunca había probado algo t