Vi contenta como Dominika se comía el cubito de zanahoria. Cualquiera diría que no era mucho, pero para mí, que no la había visto desde que nació, aquella imagen se convirtió en un recuerdo que atesoraría en lo más profundo de mi mente. Le sonreí.
Levantó la cabeza, encontrándose con la intensa mirada de Alexey, quien las veía de una manera en que nunca creyó que pudiese mirar a nadie: Como si fuesen el tesoro más preciado del mundo. No dudaba que pensara de esa forma sobre su hija, jamás lo ha