Una de las mayores actitudes que odiaba de Alexey y que por lo general socavaban el resto de las buenas que pudiese tener, era precisamente el hecho de que creía que todos caeríamos rendidos a sus pies. Estaba acostumbrado a que le obedecieran sin chistar y yo siempre quería hace mi santa voluntad. Debía apreciarme un poco para no darme un tiro.
Tuve que bajar las escaleras de dos en dos hasta llegar a la recepción. Estando ahí respire varias veces, tratando de recuperar el aire que había perdi