Luego de nuestra charla, Alexey se marchó de mi habitación. Tenía asuntos que resolver con respecto a Yukata, pues La Esfinge quería castigarlo por su propia cuenta. Me contó que pudieron encontrarme gracias al rastreador que estaba implantado en mi anillo de matrimonio y que ahora se encontraban en el sótano todos los que capturaron.
Prometió que enviarían a las sirvientas para que me atendieran y que subiría cuando el medico viniera a verme de nuevo. No asentí ni negué. Él podía hacer lo que