Lamentablemente la muerte se negó a llevarme. Y eso de que no discrimina entre santos y pecadores no sé si sea del todo cierto. Habían pasado dos semanas desde el secuestro y aún tenía pesadillas y lagunas mentales en mi mente. Lo que, si podía recordar claramente, fue todo lo que hizo el doctor para salvarme de mi intento de suicidio.
Luego de que Alexey me sacó del baño, comenzó a hacer presión en mis cortes y suturó con cuidado, dejando varios puntos que me negaba a ver cuando los limpiaban.