—No puede culparme, sucede cada vez que usted está cerca, señora Volkov. —Susurró esto último sobre mis labios. En cuanto escuche sus palabras, el corazón comenzó a latirme desbocado. ¿De verdad había dicho lo que creía? El sonrojo en mi piel aumento.
—Deja de bromear. —respondí golpeando su brazo ligeramente. Aquella era mi forma de controlarme y actuar con la mayor naturalidad posible. No quería que mi estúpido corazón comenzara a imaginarse cosas. Siempre había tenido mi situación clara.
—Ha