La llegada a Colombia estuvo precedida por unas cuantas turbulencias y no es para menos, literalmente habíamos cruzado desde la otra punta del mundo. El jet aterrizo en una pista de vuelo, en medio de la selva o al menos eso fue lo que pude observar.
Bajamos con los voyeviki resguardándonos. La repentina luz del sol hizo que llevara mi mano hasta la frente para cubrirme. Casi empiezo a saltar como una niña pequeña la sentir la calidez del clima, que no se comparaba en nada con el de Rusia, ni d