A pesar de saber todo eso, no podía evitar preguntarme:
¿Qué se sentiría ser realmente la mujer de Alexey Volkov?
¿Qué se sentiría atarle una soga al cuello y tirar de ella hasta hacerlo caer?
¿Acaso no sería ese un placer mayor que las caricias que ahora me brindaba? Probablemente. El caso es que nunca lo descubría porque en cuanto deslice mis manos alrededor de su cuello para acercarlo más, Alexey se apartó de repente.
Sentí como me bajaba de su regazo y me privaba de su calor corporal. T