La mañana llegó y yo seguía sin moverme de la habitación del Boss. Aparentemente la transfusión de sangre había sido exitosa, pero aún Alexey no reaccionaba. Eso me mantenía los pelos de punta, pues yo no estaría en paz hasta que despertase.
—Amaranta… —La mención de mi nombre me hizo levantar del sofá en donde pase toda la noche. El movimiento repentino me mareo un poco, pero pude recomponerme. Camine hasta la orilla de su cama.
—Tranquilo, aquí estoy. —asegure posando mi mano en su mejilla. —