—Voy a irme todo el fin de semana, tengo unos asuntos que resolver en Moscú. —explicó Alexey observando la hora en su rolex.
Enarque una ceja en su dirección, aunque él no podía verme porque estaba de espaldas. Las esclavas terminaron de ayudarme a vestir y se marcharon en silencio.
Me recosté en la cama con cuidado, llevaba puesta un pijama de algodón y color rojo con pantalones a cuadros. Mi esposo se dio la vuelta y en su mirada había confusión, como si no pudiese tampoco entender por qué de