—¿Vendrás con nosotras o no? —exigió Dominika alzando una mano para cubrir su vista del sol. —Dicen que nadar hace bien a las embarazadas. —continuó sonriendo.
Ladee la cabeza de un lado al otro, desesperándola aún más con la tardanza.
—No puedo meterme porque acabo de comer. —respondí acercándome hasta la orilla de la alberca. —Pero puedo introducir mis pies allí. —inquirí al ver la decepción en su rostro. El semblante le cambio y asintió repetidas veces, instándome a que lo hiciera.
Con cuida