Era un lugar sencillo, aunque no por eso menos exclusivo. Nada más entrar me detuvieron en la puerta para saber si contaba con alguna reservación. Alcé mi anillo para demostrarle a dónde pertenecí y ambos camareros hicieron una reverencia como disculpa.
En cuanto se levantaron, había algo en sus miradas que no me gustó ni un poco. Parecían nerviosos, incluso preocupados por lo que pudiese pasar. Eso era extraño, porque de nuestra organización, puedo asegurar que soy la más indefensa. Debian rel