Salvatore fue detrás de Isabella, aterrado ante la posibilidad de que tuviera algo grave. Se preguntó si era la primera vez que se sentía así. La culpa lo carcomió al pensar que él había estado lejos mientras ella estaba enferma.
Se puso en cuclillas a su lado y le sujetó el cabello mientras con la otra mano le frotaba la espalda. Se sentía impotente al no poder hacer nada para ayudarla a sentirse mejor.
Isabella apoyó la cabeza en su hombro cuando dejó de vomitar. Él bajó la tapa del inodoro y