El almuerzo con Emma transcurrió en una tranquilidad que el rancho no había conocido en semanas. Sentados uno frente al otro en la enorme mesa de nogal, Raúl observaba a su hija comer con apetito mientras ella le explicaba, con la seriedad que estaba heredando de él, los detalles de su dibujo del caballo. El empresario la escuchaba con atención, asintiendo y respondiendo con frases cortas y precisas. No había espacio para la condescendencia en su trato; la respetaba lo suficiente como para habl