Leo dio un paso largo hacia la mesa de centro y tomó la bolsa de regalo con brusquedad. La miró apenas un segundo, con los ojos llenos de asco, y la arrojó al bote de basura que estaba junto al mueble de la televisión. El golpe del plástico contra el metal sonó seco, rompiendo el silencio pesado de la sala.
Luego, se giró lentamente para mirar a Isabella. La furia en sus ojos ya no era contra ella; estaba dirigida por completo hacia la entrada de la casa, por donde Elena acababa de escapar. Ten