Enzo
Su coño me da la bienvenida, caliente y húmedo como siempre. Sus paredes estrechas me envuelven como un guante, y tengo que contenerme para no terminar como un adolescente, porque es criminalmente buena.
Empiezo a moverme despacio para no acabar de destrozarla después de todo lo que hicimos, pero las consideraciones me duran poco cuando su coño empieza a tragarse mi miembro.
—Eres una maldita bruja, con un coño de hechicera —confieso al oído, con la mente nublada por el placer que siento.