Arianna
—Es hora de irnos, Arianna —dijo Enzo, con voz tajante.
—Sí, ya voy —murmuré, abrazando con fuerza a Bianca. Me incliné cerca, rozando con mis labios la oreja de mi prima—. Te llamaré más tarde y te explicaré.
Bianca asintió levemente, con los ojos cargados de cosas no dichas. Nos soltamos a regañadientes.
Antes de que pudiera dar un solo paso, uno de los hombres de Enzo se acercó. Recordaba su nombre: Fabrizio. Sus ojos oscuros no se apartaban de Bianca. Y en el segundo en que ella lo