La mirada de Leonel se posó en las lágrimas de Silvina, y una punzada de dolor atravesó su pecho.
"Silvina, ¿te gusta tanto Ruperto?" pensó con amargura.
"¿Cuántas veces lo has visto? ¿Y ya estás interesada en él? ¿Crees que no me daría cuenta de que usaste a Rosa como excusa para verlo?"
Su expresión se endureció, pero en lugar de estallar, Leonel dejó de presionarla y soltó lentamente sus muñecas.
Silvina, pensando que al fin la dejaría tranquila, intentó levantarse del sofá.
Fue entonces cua