Cuando regresaron al hotel, Silvina quiso quedarse acompañando a su madre, pero Leonel le tomó la mano con suavidad y le dijo en voz baja:
—Esta noche no la molestes. Déjala que piense con calma. Después de todo, una decisión así no se toma de la noche a la mañana.
Silvina estuvo a punto de replicar: ¿qué había que pensar? ¡Su padre ya había llegado tan lejos! ¿Qué más se podía salvar?
Pero luego, reflexionó, y reconoció que Leonel no estaba del todo equivocado.
Sus padres llevaban más de veint