—¿No lo sabías ya? ¿Para qué preguntas entonces? —Señor Torres evitaba la mirada de Silvina, incapaz de sostenerle los ojos.
—Quiero oírlo de su propia boca —Silvina lo miró con los ojos enrojecidos y la voz temblorosa—. ¿Por qué hizo algo así?
—Silvina, ¿acaso sabes lo duro que fue para mí todos estos años? —Señor Torres por fin no pudo resistir la presión de la mirada de su hija y estalló—. ¿Sabes lo humillante que fue vivir en el pueblo como un hombre sin hijos? ¡Me sentía inútil!
—¿Y yo, pa