¡A Pablo y Elsa se les iluminaron los ojos de inmediato!
¡Doscientos mil dólares!
Para ellos, no era precisamente una suma pequeña.
¡Así que Silvina realmente había prosperado!
¡Sacó los doscientos mil como si nada!
Elsa disimuló su avidez por el dinero, y con una sonrisa forzada cerró la caja rápidamente.
—Ay, Silvina, de verdad. ¿Cómo se te ocurre hablar de dinero en un día tan especial? ¡Eso arruina el ambiente! —dijo, aparentando incomodidad.
Pablo, al captar la señal de su esposa, se apres