En ese mismo momento, Tania seguía atrapada en la oficina con Santiago, sin poder marcharse.
—¿Qué quieres decir con eso, Santiago? ¿Me seguiste? —preguntó, enfadada, al escuchar que él mencionaba a su cita.
Santiago apretó los dientes.
—¿Así que te gusta ese tipo?
—¿Y qué si fuera así? ¿Qué tiene que ver contigo? —replicó Tania, cruzándose de brazos—. Ya que estoy aquí, aprueba de una vez mi carta de renuncia.
Colocó el documento sobre el escritorio y lo miró directamente a los ojos.
—Ya qu