—¿Ocultar sus verdaderas cartas y luego fingir un cargamento falso? —Silvina frotó la punta de su nariz con el dedo índice derecho, observando el coche que iba delante, y murmuró sin darse cuenta—. ¿O tal vez planean probarse mutuamente, moviéndose de un lugar a otro para medir quién miente mejor?
Leonel la miró y, por un instante, sintió que se derretía por dentro.
Su esposa era tan adorable que le resultaba imposible no sonreír.
—Sí y no —respondió él, con una sonrisa cada vez más amplia, su