La gente empezó a mirar hacia la entrada del restaurante.
Silvina, intrigada, siguió aquellas miradas… y en cuanto lo hizo, casi se le cayó el teléfono de las manos.
¿¡Qué hacían ellos ahí!?
¡Ese lugar no estaba ni siquiera cerca del centro de Inochi!
Estaban a cientos de kilómetros de distancia, ¡por amor de Dios!
Tania siguió la dirección de la mirada asustada de Silvina y también se quedó boquiabierta.
En la entrada se encontraban tres hombres de estilos completamente distintos, pero