—¡Con muchísimo gusto! —dijo Silvina, casi golpeándose el pecho para reafirmarlo—. Cuando él entre, actuaré como si te estuviera maltratando. Tú puedes quejarte con él, cuanto más dramática sea tu acusación, mejor. ¡Haz que me odie tanto como puedas!
Mónica la miró con recelo, pero Silvina asintió tan enérgicamente que parecía que iba a romperse el cuello.
—¡Puedo actuar de maravilla! —aseguró Silvina con toda seriedad—. Haré que Simón me odie tanto como quieras.
—Bien, te creeré esta vez. Pero