—¿Qué dijiste? —Simón se quedó inmóvil, el rostro ligeramente alterado al escuchar las palabras de Silvina.
—¿De verdad creías que iba a sufrir semejante desgracia sin motivo alguno? —replicó ella con serenidad, alzando la mirada para mirarlo directamente a los ojos—. Sé muy bien que mi tía nunca castigará a Mónica. Lo vi hoy mismo, durante el almuerzo. Por eso, he decidido mantener las distancias contigo. Por tu bien... y por el mío.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó Simón, pero en el fondo algo