Mónica no tardó en arreglarse y salir a encontrarse con Liliana.
Liliana la esperaba frente a un coche deportivo, y al verla aparecer, le abrió la puerta con una sonrisa.
Mónica echó un vistazo al vehículo y frunció el ceño.
Reconocía perfectamente ese modelo: era el automóvil que Abuela Muñoz le había regalado a Alberto.
¿Qué hacía ahora en manos de Liliana?
—Sube —dijo Liliana con naturalidad, adivinando sus pensamientos, pero sin ofrecer explicación alguna.
Mónica se acomodó en el asiento de