El mayordomo dio las últimas órdenes y, en cuestión de minutos, el gran salón quedó impecable.
Luego se acercó a Silvina y Leonel, inclinando la cabeza con respeto.
—Señor Muñoz, señora —anunció—, la cena ligera está servida. Abuela Muñoz pide que todos pasen a la mesa.
Aquella comida representaba la primera cena familiar completa desde el regreso de Alberto.
Por protocolo, Silvina y Leonel debían asistir.
Ambos asintieron y caminaron juntos hacia el comedor privado de la abuela.
Apenas cruzaro