El capitán detuvo sus dedos por un instante y, con calma, sirvió una porción de helado para Silvina, empujándola suavemente hacia ella.
Silvina, nerviosa, extendió la mano para recibirlo. Sus dedos, sin querer, rozaron el dorso de la mano de él.
Un escalofrío eléctrico recorrió su cuerpo en un instante, desde la punta de sus dedos hasta cada rincón de su piel.
El cuerpo de Silvina tembló de inmediato… sin notar que el de él también se había tensado.
Qué… qué sensación tan extrañamente familiar.