Silvina sintió que él realmente estaba a punto de besarla y, con el corazón acelerado, giró bruscamente el rostro.
El beso solo alcanzó a rozar su mejilla.
—¿Oh? ¿Me rechazas porque no soy lo bastante apuesto? ¿Porque no soy lo bastante elegante? ¿O quizá porque no soy lo bastante rico? —La voz del capitán se volvió más grave y opresiva.
—Se equivoca —Silvina bajó la mirada y dijo con calma—. Yo ya tengo esposo.
—Pero hace un momento dijiste que solo eras una esposa nominal del presidente. No n