—Abuela —dijo Leonel en voz baja—. Perdón por tardar tanto en venir a verla.
La mano de la Old Señora Martinez, que sostenía un libro de astrología, se detuvo de golpe; la sonrisa en sus labios era tenue, casi imperceptible.
Estaba sorprendida.
No esperaba que Leonel la encontrara tan pronto.
O, mejor dicho, sabía que él siempre había sabido dónde estaba, pero fingía ignorarlo.
¿Y ahora… había decidido no contenerse más?
—Usted es la que más se preocupa por el Familiar Martinez, la que más dese